“El petro será el mecanismo de anclaje para buscar el equilibrio revaluador de la moneda, del salario y los precios”, dijo el dictador en medio de un mensaje que dejó más dudas y miedos sobre el futuro económico.

El diputado de la Comisión de Finanzas de la AN, Ángel Alvarado, dijo que si un litro de gasolina a precio internacional es de 1,10 dólares, los venezolanos deberán pagar 5,1 millones de bolívares actuales por litro, frente a salarios mínimos mensuales que rondan ese monto.

Los trabajadores de otrora empresas de muy buenos convenios colectivos y beneficios económicos, como los petroleros, eléctricos, telefónicos, siderúrgicos y otras industrias de la zona de Guayana, hoy están entre los peor pagados de los asalariados del país.

La hiperinflación sigue debilitando el poder de compra del salario de los venezolanos. Con las proyecciones recién difundidas por el FMI, los ciudadanos están inmersos en más angustia, tomando la decisión final para migrar, aun trabajando animados por las “ganas de sobrevivir”; mientras que las empresas están llamadas a tomar decisiones rápidas y a desacoplar su política salarial de la que impone, junto con el estado de necesidad, el régimen de Nicolás Maduro.

En Venezuela un almuerzo puede costar más de dos millones de bolívares y el salario mínimo al mes es de tres millones, así que para alimentar a una familia y comprar una canasta alimentaria básica serían necesarios por lo menos 100 sueldos mínimos. ¿Irse a Colombia para sobrevivir o quedarse para morir de hambre? Para algunas madres la segunda no es una opción. Historias desde un comedor comunitario en Cúcuta. 

No solo las enfermeras, en su día 24 de protesta, salieron a la calle nuevamente por un salario que cubra sus necesidades básicas. Maestros estadales, profesores universitarios, quienes llevan más de un mes paralizados, así como médicos, trabajadores del sector eléctrico y de las empresas básicas, se unieron en una marcha en la que exigieron respuesta por parte del Gobierno, que insiste en desoír el clamor de sus trabajadores.

Cruz, signo de castigo, de dolor. Signo del inocente sentenciado, o peor aún, de aquel que está lejos de la conducta mancillada. Pues, ¿qué puede pechársele al gremio enfermeros de Guayana, esos que, al igual que los del resto del país, persisten en su labor pese a la crisis humanitaria, a la escasez de insumo y medicinas, y aun así han soportado la indolencia de un Estado que insiste en menospreciar su labor con salarios de hambre?

El gremio de Enfermería en Ciudad Guayana realizó la “marcha de pies descalzos”, a propósito de que muchos acuden a sus labores con zapatos rotos y degastados, pues el salario no alcanza para cubrir las necesidades básicas, menos para sus uniformes. La protesta no es más que la reiteración de una exigencia hasta ahora desatendida por el Ejecutivo, cuya indolencia ante la emergencia humanitaria se traduce, también, en la desinversión en los centros de salud de todo el país.

Son 22 estados que desde el lunes se han ido sumando al paro de enfermeras por un salario digno. Este viernes, el gremio médico decidió sumarse, al tiempo que mantienen las denuncias por la crisis hospitalaria. En el Hospital Dr. Raúl Leoni de San Félix la deserción laboral se ubica en un 40% aproximadamente.

“Los trabajadores no aguantan más el salario y las deficiencias”, expresó un empleado. De acuerdo con el tabulador, el nivel 1 recibe ingresos salariales de Bs. 3,4 millones, mientras que la máxima escala gana Bs. 23,7 millones.

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